Implicaciones extralingüísticas e intertextuales en la lectura Imprimir
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Lengua - Comprensión escrita

Publicado por Rafael Areiza y Luz Marina Henao en Ciencias Humanas nº 23

La lectura es una práctica neurosensitiva-cognoscitiva, mediante la cual un agente consciente decide internarse en un texto para enterarse del contenido expresado por el autor, saborear su estilo, vivir su experiencia, su fantasía o ambas -según sea el propósito-, buscando recreación, entretenimiento, información o conocimiento.

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Es además un medio construido para transmitir una serie de informaciones, valores y teorías a nuevas generaciones, a fin de «modelarlas» funcionalmente y favorecer la pervivencia del lema universal: «Construir un mundo mejor». De esta forma, sobre todo el lector joven, tiene la oportunidad de construirse axiológicamente a través de la ensoñación que suscita un texto así como acceder a un conocimiento metódicamente elaborado en un proceso histórico.

Vemos así, la lectura comprometida, no sólo con un hecho estrictamente textual, sino además con un mundo de vida individual y con la historia de una comunidad universal, la cual para su hermenéutica requiere de una serie de condiciones cognitivas, históricas, axiológicas y culturales que se constituyen en un plexo de informaciones necesarias para acceder al sentido o a los sentidos metatextuales. El lector, entendida la lectura como un proceso, es metafóricamente un «viajero» que se mueve a su manera por distintos mundos cognoscitivos en busca de otras visiones, consciente de que éste es un medio eficaz para la afirmación de su singularidad como individuo a la vez que participante de la comunidad del conocimiento.

Si así se entiende la lectura, se tiene necesariamente que pensar al lector como un agente activo que realiza un trabajo productivo con el texto, que lo reescribe para sí, que es capaz a partir del deseo y de esquemas cognoscitivos cimentados, de desplazar sentidos, de desviar el texto, de reutilizar sus conceptos, de introducir variantes conceptuales y en general construir su propio texto. De ahí la imposibilidad de determinar con exactitud «El» sentido de un texto, y por ende «La» interpretación del mismo. Es justamente en este proceso de elaboración, donde el lector se encuentra a sí mismo y se toma de su propia mano para concebir, generar, deducir o inferir nuevos conocimientos u otras ensoñaciones, según la naturaleza del texto y la subjetividad de quien lo interpreta.

Ese conjunto de conocimientos previos o esquemas cognoscitivos del lector es lo que le permite interpelar al texto y lograr una construcción cognoscitiva para depositarla, en tanto que macroestructura en la memoria de largo plazo, la cual, a partir de este momento constituye una nueva base cognoscitiva para acercarse a otras escrituras. La riqueza de esa base cognoscitiva es lo que justamente le permite al lector conectar su voz con la del autor para entrar en consonancia cognoscitiva con él u optar por una o algunas de las vertientes de sentido construidas a partir de las múltiples relaciones textuales que se suscitan.