Publicado por Álvaro Llosa Sanz en Espéculo nº 41
Si bien el Quijote es un libro de libros, lo es también de las múltiples ficciones, que parecen insertadas en él a través de diversas narraciones cuyo soporte y canales varía, desde lo manuscrito a la memoria, desde la pura oralidad hasta lo meramente impreso, atravesando toda una gama de diferentes grados por lo audiovisual y dramático. Con ello, la idea de libro se disuelve o confunde a favor de la de ficción: relatos orales, escritos, actuaciones teatrales y representaciones escenográficas conforman dichas ficciones, cuyos soportes son desde el manuscrito hallado, la historia narrada en voz alta, el retablo de títeres, el paisaje público de la fiesta barroca, o la misma memoria tanto individual como colectiva. Por otro lado, el Quijote de 1615 ahonda en la idea del lector activo, que se permite conversar e interactuar con el personaje protagonista, formando parte del relato mismo, como se ve claramente en la actividad de Sansón Carrasco y en la de los duques. Incluso Cervantes interactúa con su novela al descubrir el Quijote de Avellaneda, y cambia por ello el curso de las aventuras. Así, ambos aspectos -diversos soportes y canales e interacción- nos permiten evaluar, bajo el auspicio amplio del concepto de performance, algunos rasgos de la novela ante el mundo digital, ya que el inminente cambio en el soporte, que tiende a su expresión digital multimedia, y la posibilidad de interacción con el propio texto y su posterior desarrollo para el (escri)lector, son dos elementos clave en la nueva ficción digital, inmersa en la crisis sobre la transmisión de la cultura y sus canales. Quizás una precisa reflexión sobre estos aspectos nos permita comprobar que el mundo del Quijote no está tan lejos de un mundo nuevo para los nuevos lectores digitales, y sirve aun de ejemplar novela para construir la ficción y la crítica de la ficción futura.
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