Inicio Crítica literaria Modernismo y 98 Sobre los personajes y su técnica de caracterización
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Literatura - Modernismo y 98

Publicado por M. Llanos en Espéculo nº 20

La estimación de Baroja como el novelista por excelencia de la llamada “Generación del 98” se debe en buena medida, además de a sus singulares dotes narrativas y a la vena prolífica de su creación, a la poderosa capacidad que poseyó para dar vida y aliento a todo un vastísimo conjunto de personajes que encontramos, en casi inabarcable desfile, a través de las miles de páginas de invención literaria que nos legó. En este último punto, su condición demiúrgica no es sólo un mero producto de su fantasía, sino que se apoya, de manera fundamental, en una atenta y continua observación del mundo natural que le rodea, de todos y cada uno de los distintos individuos con los que se cruza cotidianamente, a la vez que también quedan grabados en su memoria esos otros tipos extraídos de la historia literaria que tuvo oportunidad de conocer y admirar. (En muchos casos procedentes de auténticos subgéneros como el folletín, de cuya lectura tanto gustó Baroja, sobre todo en su juventud. El mismo dejó escrito en Las horas solitarias (1918): “De chico yo compraba libros viejos, folletines y novelones que devoraba en casa. En conocimientos sobre literatura folletinesca soy una especialidad.”.

La afirmación contenida en sus Memorias de que “no hay novela de argumento cerrado en la cual los tipos sean verdaderos”, le lleva a defender lo que se ha llamado novela de argumento disperso, donde la libertad de composición predomina sobre todo lo demás, sin necesidad de que el autor haya de ajustarse a un plan previo. Así es como resulta posible la gran variedad de personajes y de ambientes que nos presenta en sus relatos.

Todo lo dicho hasta ahora puede fácilmente observarse en El árbol de la ciencia, novela cuyo estudio nos ocupa, que Baroja comenzó a escribir en París, en el Hotel Bretonne de la calle Vaugirard, y que no obstante haber sido concluida en 1911, su acción se remonta a algunos años atrás, teniendo lugar en la España de hacia 1890, en la España inmediatamente anterior al Desastre.

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